Compartir en Redes sociales
Artículo completo: “Caso del cabotaje marítimo en Panamá”, escrito por el Secretario de la Asociación de Armadores Panameños, Harry Quinn en el Diario La Estrella de Panamá, en la edición de este martes, 17 de agosto de 2021.
Caso del cabotaje marítimo en Panamá
“[…] las distorsiones de un cabildeo con aires de “negociación”, notablemente marcadas por políticos, embajadores, personal diplomático y servidores públicos, serán develadas en los próximos días”
En el mundo de los negocios, se conoce como “Juego duro”, o “Hardball”, al conjunto de estrategias destinadas a desatar una fuerza irresistible y arrolladora para conseguir o preservar una ventaja competitiva ganadora. Para algunos sería la prerrogativa del más fuerte, hasta el despertar pospandémico de hoy.
La mayoría de las personas, organizaciones y países tienden a pensar en términos de sentencias: fuertes o débiles, “hardball” o “softball”, ganar o perder, ganar/ganar, ganar/perder, perder/ganar, perder/perder y ganar, ¿cuál es la mejor opción que responde a nuestros intereses? Eso, “depende”. Si ganas un partido de fútbol, eso significa que el otro equipo pierde.
Según el finado escritor Stephen Covey, experto en el asunto, la mejor opción, entonces, depende de la realidad. El desafío es leer esa realidad con precisión y no traducir ganar/perder u otros guiones en cada momento.
En el Siglo XXI, el juego rudo amplía sus límites propios de las empresas privadas hacia temas de dominio público de los Estados, su posición geográfica, recursos naturales o cuotas de mercado. Los bienes públicos de nuestros países se convierten rápidamente en fichas de cambio que, normalmente, son deseadas por nacionales de otros territorios detrás de velos corporativos y diplomáticos, apoyados por los colaboracionistas locales de siempre.
El “hardball” en el mercado marítimo auxiliar
Aquí inicia el “hardball” con una distorsión perversa: la firme creencia de que un Estado que se supone dependiente de los grandes mercados de poder económico, debe renunciar a una parte sustancial del buen uso estratégico y lucrativo de sus recursos naturales y la captación de divisas netas a beneficio de otros Estados, que, bajo el perfil de grandes potencias, ejercen presión “oficial”, para proteger a sus corporaciones transnacionales, convirtiendo a sus diplomáticos en agentes protectores, ante todo el “establishment” del país a ganar.
El espacio marítimo, es un ejemplo claro. Más del 80 % de los países del mundo posee normas y reglamentos para la regulación de su cabotaje marítimo, así como es usual que posean estrictas disposiciones en cabotaje aéreo y terrestre.
En Panamá, esos “agentes protectores” pretenden hipotecarnos el futuro, basados en alguna gestión de convenios bilaterales y multilaterales, que, simplemente, no dicen que Panamá no pueda desarrollar su Industria Marítima Auxiliar (IMA) a plenitud, por ejemplo, en función de los mejores intereses de la nación y sus connacionales, conservando el control sobre una industria que ha estado en una especie de limbo legal a merced de empresas inescrupulosas.
¿Panamá, socio logístico del mundo en igualdad?
Panamá, su canal, sus puertos y su posición geográfica laboran hombro a hombro con las empresas internacionales, como grandes socios logísticos, “quid pro quo”, hasta ahí todos contentos.
Pero ¡cuidado!, perdemos cuando existen distorsiones en el mercado que permiten a empresas extranjeras, sin registro, sin licencia, sin tributación, sin empleos locales, sin seguro social o de riesgo y básicamente con ningún compromiso con el país, que puedan generar ingresos sobre nuestras aguas, golpeando a la frágil economía y escamoteándole sus recursos.
Entonces, cuando un actor más poderoso le insiste al menos fuerte “negociar” sobre un bien o prerrogativa que en esencia no lo es, el “juego rudo” se puede convertir en chantaje. Ejemplos contra Panamá son usuales por conducto de sus listas con todos los tonos de gris a negro y la amenaza constante de cerrarnos las puertas de sus grandes mercados de finanzas, bienes y servicios.
En el caso de la IMA en EUA, Europa y Asia, en términos generales, los servicios marítimos propios de la actividad de cabotaje (navegación en aguas interiores de un Estado), se reservan a sus propias personas naturales o lo que es casi igual, el extranjero debe cumplir con tantos prerrequisitos y barreras, que una prohibición expresa se hace innecesaria, entre reglamentos, costos y burocracia. Un panameño no tiene muchas oportunidades, donde sí las tiene su contraparte poderosa.
¿Panamá es “Pro Mundi Beneficio”?
En Panamá, esto es “Pro Mundi Beneficio” mal entendido, el ejercicio de la nobleza panameña ha sido violentado, en detrimento evidente de la industria local. La inversión, la operación de cualquier negocio dentro de territorio nacional, debe ser responsable, más que nunca, en una coyuntura donde Panamá necesita hacer uso de todos sus recursos para salir de esta crisis internacional.
El Órgano Ejecutivo, que tiene un compromiso dentro de su plan de Gobierno con el propósito de poner orden al abuso internacional de nuestros recursos, presentó, ante la Asamblea Nacional, una norma que reserva el control de tal industria a panameños, si bien invita a la inversión extranjera, sin discriminación alguna, a invertir en la industria local de forma comprometida con Panamá, un tema objeto de debate en ese órgano del Estado.
Frecuentemente, el Estado más débil ve dentro de sus propias filas las presiones de “juego duro” más serias y preocupantes, ante la unidad que debería aglutinarse en torno a las mejores opciones para Panamá. Así las cosas, las distorsiones de un cabildeo con aires de “negociación”, notablemente marcadas por políticos, embajadores, personal diplomático y servidores públicos, serán develadas en los próximos días.
Acerca de Nosotros
La Asociación de Armadores Panameños (ARPA) es una organización independiente constituida por armadores y operadores de embarcaciones comerciales de capital accionario en su mayoría panameños en la República de Panamá, que incluye desde lanchas de trabajo hasta buques...